Para las merecidas vacaciones de 1994, realizamos una ruta desde Madrid hasta Burgos-Picos de Europa-Oviedo-Cudillero-La Coruña-Santiago y vuelta. Asturias es sin duda uno de los territorios de España que más admiro. De Galicia guardo inmensos recuerdos de tres años seguidos de excursiones veraniegas, pero eso va en otro lado. Aquí no pongo todas las fotos que hice, que suelen ser muchas, sino las que creo que mejor representan la belleza que en todos lados encontré.
Unos 1600 kilómetros de belleza, sin contar excursiones. Aviso a navegantes: he decidido poner fotos pequeñas para no agobiar la entrada. Para verlas bien, botonazo de ratón sobre ellas y solucionado.
Burgos

Con sus burgueses retratados en piedra para la eternidad, con sus buitres en busca de carroña por esas cortadas sin acceso:
señores y plebeyos.
Burgos tiene un centro histórico imponente. Así que nada como tomarse una cervecita con morcilla a los pies de esa grandiosa catedral para disfrutarlo reposadamente, y despuertar con ese sol todavía fresco de la mañana.
Picos de Europa

Aquí sólo cabe el silencio, un silencio de admiración, de
sobrecogimiento. También están sus gentes. El hotel de Arenas de Cabrales en el que hicimos parada y fonda lo regentaba una familia: la madre cocinaba (y cómo!), el padre hacía mantenimientos y cosas varias, la hija era la relaciones públicas. Al lado, la ruta del Naranjo de Bulnes o Pico Urriellu, que se ve a lo lejos en la foto de la derecha.
¡Hombre, los madrileños! Como el año pasado te gustaron tanto las fabes -me decía-, esta vez te voy a hacer un plato con fabes distinto cada día, que hacen falta fuerzas para andar por el monte.
Y así las probé con almejas, en fabada, y yo qué sé de cuántas formas más.
La hija: ah! pues si quereis ver artesanía acercaros a un pueblito, bueno son dos casas, que hay en el camino de Ruenes, pasando una torre de alta tensión allí lo teneis, a la izquierda. Preguntad por xxxxx."
Ruta de Bulnes

El tal xxxxx (no me acuerdo del nombre, hace muchos años) era un físico nuclear que con su esposa, maestra, renegaron de Madrid y se dedicaban a sus puercos, gallinas, cabras y a investigar en canteras de antiguos alfareros para renovar la artesanía del lugar. El alfarero xxxxx me explicó todo lo relativo a su horno, a los tintes, a los barros... Le compré una lechera en forma de cabra y me regaló otra en miniatura. También le compré un "botijo de invierno". A destacar el hecho de que las fabes no producían, en aquellos tiempos, efectos secundarios en mí. Como tampoco lo producía la cecina, los magníficos quesos, la sidra...

También me dijo la hija: "
para probar sidra de verdad vete a Puertas y pregunta por el señor Manolo (de este sí me acuerdo). Es pasado Carreña, en una curva muy cerrada encontrareis el desvío hacia Puertas".
Encontramos Puertas, donde en un garage estaban unos quinceañeros disfrutando de su música, la tenían verdaderamente a tope: Víctor Manuel. El señor Manolo regentaba un pequeño bar donde cuatro ancianos pasaban la tarde jugando dominó. Me da la impresión de que la misma fot se podía tomar cada tarde. Le pedí una botellita de sidra y quince minutos después apareció con una botella mugrienta de la mejor sidra. La escancié. El Sr. Manolo alabó mi modo de escanciar, me decía que escanciaba la sidra como si fuera de Asturias de toda la vida. La verdad es que tenía buen pulso. ¡Qué sidra!


En Fuente Dé dí el preceptivo salto sobre la plataforma enrejada que pende sobre 1000 metros de vacío y pedí mi deseo. ¿Veis la casetita sobre la cumbre? Pues ahí está.
Después, disfrutamos de un paseo tranquilo en uno de los pueblos con más encanto, si no el que más, de la zona: Potes.
¡Vaya caminatas que nos pegamos! Pero qué bieeeeeen. La ruta del Cares es la más familiar, pero no por ello deja de ser espectacular (ver izquierda). Nosotros la empezamos en Sotres, que es el lado difícil. Ida y vuelta, sin trucos.
Los Lagos - Covadonga

Después de pasar un rato con Pelayo y la Santina, enfilamos la subida de los lagos. Es
inexplicable cómo los ciclistas pueden llegar allí arriba, es inexplicable.
Después de sortear coches que bajan, vacas y vértigos varios, llegamos a una cumbre hecha sólo para disfrutar. Hay que quedarse ahí un buen rato, vaciar la cabeza de pensamientos y dedicarse exclusivamente a los sentidos, a ver, oír, oler, tocar... Lo de gustar no lo probé, pero a lo mejor también se puede.
CudilleroCudillero, Asturias, uno de los pueblos de costa más bonitos que he podido visitar. Ese pueblo en eterna cuesta, llena de colores y pegado a la ladera verde es sencillamente espectacular.
Belleza rotunda y sin paliativos. Obligada parada.



A mi amiga blogera, la intrépida Ana La Coruña
La Coruña, A Coruña y su bimilenario faro herculeano. Una caminada por su
paseo marítimo, un poquito de marisco... De todos modos, y perteneciente a otro viaje a tierras celtas, lo que más recomiendo es un pulpo a feira con ribeiro en el feirón de Pontedeume, los sábados.
Santiago de Compostela
Santiago es para vivirlo,
no se puede contar. Hay que estar allí cenando marisco y pescado en una terraza y tiene que llegar la tuna y cantarte. Luego les compras una cinta (en aquella época eran cintas, ahora son CD´s). También hay que pasear bajo la lluvia de la ciudad de España con más pluviometría, hay que ver la catedral, cruzarse con los cruceiros, tocar la piedra y sentir cómo el granito te canta alalás, muñeiras y mazurcas.

